El homenaje nacional a Urquiza

Corre el año 1920. Es Presidente de la Nación el radical Hipólito Yrigoyen; gobierna la provincia de Entre Ríos el Dr. Celestino Marcó; y don Pedro N. Urruzola es el Presidente Municipal de Concordia.

En Paraná, el 1º de julio de ese año se inaugura el monumento a Urquiza, emplazado en el parque que lleva el mismo nombre. Y a nivel nacional, se viene preparando un acto de homenaje al prócer. Una campaña de concientización popular se desarrolla en todo el país, ya que se pretende que los actos alcancen ribetes internacionales.

El gobernador Marcó ha encabezado manifestaciones públicas en 1918, al firmarse el armisticio que dio fin a la primera guerra mundial. En 1920 impulsó, el 20 de junio, un homenaje al creador de la bandera. Y un año después, recordará al general Mitre al cumplirse el centenario de su nacimiento.

“Pero de todas esas rememoraciones —se lee en Entre Ríos – Síntesis histórica,  de Manuel E. Macchi y Alberto J. Masramón—, la de mayor trascendencia por su simbolismo local y significación nacional, fue el homenaje al General don Justo José de Urquiza, el 11 de noviembre de 1920 (aniversario del Pacto de Unión), al darse contenido público a la inauguración de la estatua ecuestre del Héroe de Caseros…”

Los autores citados recogen en su libro un comentario del diario La Nación, de la Capital Federal, sobre los festejos en Concepción del Uruguay, que se desarrollaban “con todo éxito”: artística iluminación en la Plaza Ramírez y en los edificios aledaños, especialmente en el Colegio Nacional, “que ostentaba la siguiente leyenda a su frente: ‘Mi heredero es el colegio del Uruguay’”. Muchos comercios adornaron sus escaparates con retratos de Urquiza, y se veían numerosas inscripciones con frases del vencedor de Caseros. La animación popular era enorme. A la concentración escolar concurrieron “alrededor de 4.000 personas”, se lee. Se cantaron los himnos nacional y a Urquiza. Hubo oradores, procesión cívica y un festival, actos todos que contaron con numerosa asistencia.

En Concordia

En nuestra ciudad, la prédica de El Litoral se había empezado a leer desde el 1º de septiembre de ese año. En un suelto aparecido en esa fecha, se sostenía que “el busto del prócer,

que desapareció de esta ciudad, debe ser restituido por el óbolo de la población”. Ese era el segundo punto del programa confeccionado por la Comisión de Homenaje al general Urquiza, organismo local, seguramente creado con anterioridad y paralelamente a la Comisión Nacional. Recordaba que “el busto del prócer Urquiza ostentaba su efigie en Concordia, en el centro de la plaza principal, sirviendo de coronamiento a una bellísima columna que la imprevisión aldeana dejó destruir lastimosamente”. Incurría en un error al asegurar que había desaparecido con la destrucción de la columna, pues en realidad, según Antonio P. Castro, había sido destruido por un rayo en una noche de tormenta —mucho antes de la demolición de la columna—, pero de cualquier manera servía para los fines de impulsar una colecta pública en aquel sentido.

Ya en septiembre, como consecuencia de un reclamo de la ciudad de Coronda, en Santa Fe, en el sentido de haber sido la primera ciudad argentina que levantara un monumento a Urquiza, lo que habría ocurrido en 1870, El Litoral sostiene que la demandante “ignora que en 1860 se levantó en Concordia una soberbia columna —que un capricho inexcusable derribó hace poco— la cual ostentaba en su cúspide un grandioso busto de mármol de Carrara del ilustre general”, y que, por lo tanto, aquel honor le correspondía a Concordia.

En ese mismo mes, el día 11, precisamente, el diario vuelve a la palestra ante una renovada polémica contra Urquiza a raíz de los hechos en Pago Largo. Se le imputaba la ejecución de 600 correntinos, después de la batalla, “sin más testimonio que la tradición, forjada en odios y enconos profundos”, se lee. Y agrega:

“Se ha dicho, demostrando desconocer la Historia, que Urquiza no justificó la muerte de esos seiscientos correntinos, como lo hizo Lavalle al hacer recaer sobre su solo nombre la sangre de Dorrego.

Urquiza se justificó, no como el héroe de Río Bamba, en una página de pura retórica, sino en una extensa carta dirigida a Rosas, defendiéndose ya de esas falsedades, aseveradas por el maligno Echagüe, su más terrible enemigo.

Tan interesante documento, poco conocido, y registrado en el libro “De Caseros al 11 de Septiembre” del doctor Cárcano, arroja plenamente la luz para los que se muestran irreductibles a la verdad.

El motivo poderoso que tuvo para ordenar aquella ejecución —dice el general— fue el siguiente:

“…Cuando yo, al frente de la caballería, me adelanté a rendir a la infantería enemiga, ordené a mi ayudante Ordóñez, que con su sargento y un soldado se aproximase a un grupo de infantería enemiga de 60 hombres a intimarles rendición, garantiéndoles la vida en mi nombre. En esa circunstancia me viene el parte de que volvía una columna de caballería enemiga, la división de López, que salió íntegra del campo de batalla, donde ocupaba el frente de nuestra izquierda, que se encargó de dirigir Echagüe, no saliese en retirada como iba, sino que nos viniese a cargar…

Desengañado poco rato después de que la columna enemiga se alejaba en retirada, volví a ocuparme de la rendición de la infantería e ignorando que el grupo de los 69 hombres que habían levantado una bandera de parlamento al nuestro, que les mande intimación, formaron círculo y mataron a bayonetazos al ayudante Ordoñez y soldados… les mandé nuevo parlamento con iguales promesas, a un sargento Ojeda y dos soldados más; estos infelices sufrieron el mismo engaño que los primeros, y fueron atrozmente asesinados. ¿No merecía esto un ejemplar castigo?

¿Quién es pues el que puede alzar el dedo para mostrar las inocentes víctimas de mi barbarie? En el dilatado tiempo y territorio que he corrido en mis campañas, ¿cuál fue el soldado del ejército a mi mando, no digo que violó o mató, sino que tomó una sola espiga de trigo ajeno sin recibir un severo castigo en proporción a su falta, pues que jamás tuve el dolor de verlos cometer los crímenes que acostumbraron en otros tiempos? Así se consigue el triunfo sobre la opinión y sobre el enemigo, en el campo de batalla”.

En la misma nota, El Litoral señalaba que “el general Urquiza, por sobre todo el vano propósito de sus adversarios, recibirá la manifestación de gratitud y reconocimiento del pueblo de Corrientes como que es acreedor a ella por su obra patriótica y de sacrificios, realizada en una hora bien difícil, que le ha valido ser consagrado salvador de la patria. Ya el gobierno de la Provincia, interpretando el elevado sentimiento de justicia de nuestro pueblo, ha delegado quién lo representará en la inauguración del monumento, a celebrarse en la ciudad de Paraná. El Consejo de Educación se ha adherido al homenaje, y en una nota pasada a cada maestro  ha explicado de una manera terminante su actitud. Quede constancia también que en las diversas delegaciones nacionales han sido incluidos los nombres de altas personalidades correntinas. (…) Con estos fragmentos quedan descartadas todas las afirmaciones sin fundamento, sustentadas temerariamente sobre este hecho, en virtud del cual se pretende no hacer participar a Corrientes de un homenaje inspirado en la más alta justicia, y recluirla en una abominable ingratitud”.

 

Así llegamos al día de la celebración. Desde aquí, insertamos la crónica textual de la edición del diario El Litoral, del 13 de noviembre de 1920.

 

ECOS DEL HOMENAJE NACIONAL AL GENERAL URQUIZA – LAS GRANDES FIESTAS DE PARANA – CRONICA DE LA CELEBRACIÓN EN CONCORDIA

Un brillante pronunciamiento cívico

Magnificada y como rediviva por el sortilegio de la gratitud nacional, la figura del ínclito Urquiza se ha destacado estos días, desde su monumento de Paraná, llenando con la irradiación de sus relieves próceres el ámbito de la República, y con ella la mitad de Sud América: el Uruguay, el Paraguay y el Brasil.

Ningún prohombre argentino, fuera de San Martín, ha merecido hasta ahora glorificación tan trascendental ni tan honrada: trascendente, en lo que se refiere a la magnitud nacional y a la extensión internacional del homenaje, y honrada en cuanto a las circunstancias de la consagración misma, después que el juicio histórico pudiera pronunciar su veredicto sereno, leal y concluyente, al término de cuatro generaciones ofuscadas. He ahí la gran figura nacional que surge victoriosa de la prueba de fuego, harto vilipendiada como fue, por el odio de bandos, por la polémica localista, por el acerbo de rencores, prevenciones y prejuicios fatales que se acumula siempre en torno a la fama de los grandes hombres de la estatura de Urquiza, que no se preocupan nunca de la notoriedad.

Es así como la majestad, diríamos judicial, de la historia, reivindica solemnemente a Urquiza, colocándolo entre los más altos de nuestros próceres, a la vez que entre los más prominentes líderes de la democracia de Sud América.

Pues recién ahora es del dominio popular la noción, ya que no cabal, intuitiva, del volumen cívico del personaje entrerriano. Dentro de su propio solar, había en efecto, coterráneos que, al cabo de una centuria, recordaban todavía a Urquiza el gaucho, a Urquiza el analfabeto, a Urquiza el bárbaro.

Y ahí tenemos al gaucho, diputado a los veintiséis años, pronunciando en la legislatura de Paraná un discurso rico de doctrina y magnífico de entereza, en que hace triunfar la idea de la unidad nacional contra los propósitos de un paisano separatista; he ahí al analfabeto, escribiendo de su puño y letra el llamado “Bando del Pronunciamiento”, documento histórico que puede servir de modelo a todo hombre de gobierno, así por la enjundia de su contenido, como por la diafanidad de su estilo y la brevedad de su texto; y he ahí, en fin, al “bárbaro” Urquiza en sus diez volúmenes de decretos y proyectos de leyes —anticipándose en algunas en más de medio siglo a los fenómenos contemporáneos—, para dictar, con criterio actual, medidas encaminadas al orden, al progreso, al bienestar, principalmente de las clases proletarias. Providencias todas ellas, tan atinadas, prudentes, a la vez que enérgicas— que arrancan espontáneamente al lector de esos documentos olvidados o ignorados, un voto nacido de lo más profundo del alma:

—“¡Aquí hace falta Urquiza!”

No se concebía, en efecto, hasta hace poco, sino un solo aspecto del prócer: el militar. El militar caudillo, que por un azar feliz llegara a héroe libertador, triunfando contra la siniestra tiranía.

Y por la sugestión de una propaganda sistemática y dominadora, que apenas le reconocía el mérito de vencedor de Caseros —ya que era imposible disimularlo— fue creándose en la opinión pública nacional un falso concepto del prócer: este era únicamente el caudillo afortunado, que pretendía sustituir un despotismo por otro.

Sin embargo, la historia concluye por revisar los valores del magno episodio de Caseros y de los accidentes sucesivos, y encuentra, en definitiva, que la magnífica abnegación de Urquiza, al retirarse después de presidir la organización nacional, no tiene parangón en los anales políticos de Sud América sino en la conducta de San Martín preponderante en el Perú, al abandonar callada y humildemente la tierra donde culmina el triunfo de su cruzada.

El instinto de los pueblos, que nunca se equivoca, se ha pronunciado así, en honra de Urquiza, por medio de un homenaje extraordinario, único, del que damos someras y limitadas noticias en la crónica telegráfica y local, que va a continuación.

 

DE PARANA

Aspecto de la ciudad

Paraná, 13 — Desde el miércoles a la noche la ciudad hállase entregada a los festejos, cuyo programa ha venido desarrollándose normalmente.

La totalidad de los edificios públicos, así como numerosas viviendas particulares y las casas de comercio importantes han sido iluminadas profusamente en sus frentes y escaparates, contribuyendo así poderosamente a que Paraná presentase estas noches pasadas un aspecto de gran ciudad. Sus calles resultaban estrechas para contener tantos coches y autos que circulaban sin cesar repletos de pasajeros, notándose mucho elemento femenino, numerosos oficiales de tierra y de mar, caballeros que, de frac, dirigíanse a presenciar diversos actos oficiales, no faltando en el desfile las varias representaciones, grupos bulliciosos de estudiantes y boy scouts, así como figuras conocidas de la política nacional y provincial y altos funcionarios.

La función de gala

Paraná, 13 — Uno de los actos más importantes, socialmente considerado, fue la función de gala que dio la compañía Tesada.

El teatro estaba completamente lleno con las principales familias de ésta y gran número de forasteros luciendo las señoras y niñas valiosas y elegantísimas toilettes.

Afírmase aquí que nunca una función teatral ha alcanzado el brillo y la magnificencia de ésta, no sólo por la concurrencia, que fue enorme, sino por la calidad de ella.

La comisión nacional

Paraná, 13 — Los miembros de la comisión nacional del homenaje llegaron a ésta casi a media noche, siendo recibidos en la estación por el Intendente Municipal y numeroso pueblo, que les tributó una verdadera ovación.

En el mismo tren llegaron numerosos invitados.

 

En la Universidad del Litoral

Brillante discursos del Dr. Sagarna

Paraná, 13 — En el local de la Universidad del Litoral, el doctor Sagarna dio su anunciada conferencia ante un gran auditorio formado por elementos representativos de la política y la sociedad.

El doctor Sagarna, después de explicar brillantemente porqué la Universidad del Litoral, la más joven de las instituciones de superior y democrática cultura del país, debía participar del homenaje, analizó la figura prócer del general Urquiza, afirmando de él que “fue el guerrero pacificador y el espíritu constructivo práctico más eficaz en su hora y en su medio, que sin el razonamiento estratégico del general Paz, tuvo en más alto grado, tal vez, la visión rápida del problema táctico e incomparable actitud previsora de los medios de solucionarlo, sin la cultura ni la concepción geniales de Rivadavia”. “Tuvo —agregó— de este precursor el concepto integral, que sistematizaría Alberdi, de la función gubernativa en el país, pues supo que en la educación del pueblo y en su organización y en sus intereses económicos encontraría la República el drenaje de sus males y el relevamiento fructífero de su vida. Por eso fue promotor sistemático, claramente orientado, de la instrucción primaria urbana y rural, así como de enseñanza normal, secundaria y de la universitaria, que ya el año 54 entroncó en el Colegio de Uruguay, haciéndolo todo a base de la saneada renta fiscal, que constituiría más tarde uno de los lauros mejor ganados por los constituyentes entrerrianos de 1903 y por los gobernantes de 1917, fieles albaceas del testamento trascendental de Urquiza”. Más adelante agregó el disertante que “la conciencia nacional, iluminada y serena por la efectiva asunción de su soberanía en lo interno y frente al mundo, hace alto en la batalla y, con esa misma sublime grandeza con que los ejércitos estupendos y bravíos sobre las arrasadas campiñas de Francia y Bélgica daban tregua a la devastación y a la matanza y cruzando trincheras infernales, compartían el pan simbólico y ensanchaban sus almas en cordial confidencia en homenaje a la Navidad, en paz y amor, así el pueblo argentino recoge las enseñas de sus particularismos y consagra esta hora a la recordación amorosa de su caudillo libertador y su prócer organizador. El cuadro —terminó— es bello y sugiere y exalta. Nadie falta a la cita de honor: Corrientes, diez veces mártir de las libertades argentinas, a la que, ella sola, diera con creces la púrpura vital de sus hijos; Tucumán, la predilecta de la gloria, la del Congreso y del campo de carreras y del sacrificio de Famaillá; Salta, la de los Dragones Infernales, humana semidivina muralla de contención contra la furia de la reconquista y palenque de indomable instinto federalista, todas han venido a la comunión familiar; y con ellas, los hermanos del continente, que supieron de hombría generosa del penate; y entre los romeros todos, la comisión del centenario de Mitre, porque vieron al viejo patriarca agitándose en el bronce y enviando con el chambergo legendario el saludo reverente a su capitán de Caseros, cuya gloria, dicen sus voceros, vivirá perennemente”.

La extensa disertación del doctor Sagarna, de la cual sólo reproduzco dos párrafos, ha sido la más alta nota intelectual de estos días.

El baile en el Club Español

Paraná, 13 — El baile realizado en el Club Español resultó brillante.

 

 

EN CONCORDIA

La manifestación

Desde las 3 de la tarde comenzaron a llegar los colegios a la plaza de Mayo, iniciándose la colocación que ocuparían los mismos en el orden de la columna.

Frente a la municipalidad, una enorme parte del pueblo iba reuniéndose lentamente a pesar del calor insoportable, que imponía toda clase de sacrificios. Una gran cantidad de pañuelos blancos, al ser agitados con nerviosidad para contrarrestar en algo la inclemencia de la canícula o al ser sacados de los bolsillos para secar el rostro sudoroso, parecían, a la distancia, miles de mariposas revoloteando en un jardín calcinado por los ardientes rayos solares.

Las fuerzas del ejército

Una sección del Regimiento 6º de Caballería participó en la manifestación patriótica. Su misión consistió en flanquear la columna de manifestantes en toda su extensión.

La columna

Una hora después de la señalada en el programa oficial, la gran columna empezó a ponerse en marcha pesadamente, como si el calor enervante quisiera anonadar los ímpetus patrióticos que se mantenían latentes en el pueblo.

Esta quedó constituida con los veteranos a la cabeza, seguía la gran bandera nacional de 25 metros de largo, la banda municipal, colectividades extranjeras con sus estandartes e insignias patrias, cuyos pendones y franjas multicolores, movidas por la suave brisa, semejaban acariciar la bandera de la patria que, gallarda y majestuosa, ocupaba su sitio de honor.

Continuaban las autoridades civiles y militares, instituciones deportivas y, por fin, el público; cerrando la formación venía un pelotón de policía montada, con trajes de gala y con sus cabalgaduras perfectamente enjaezadas.

Una larga hilera de coches y automóviles escoltó a la manifestación durante todo el recorrido.

El desfile de los manifestantes

Con el mayor orden y cultura, se realizó el desfile de los manifestantes, entre vibrantes notas de himnos guerreros o de marchas de paz, que eran clarinadas del ayer, recuerdo de la epopeya, o sonoras armonías que traducían la era de labor en que está empeñado el pueblo argentino, dignificando de tal modo la gloria de sus antepasados.

En los ámbitos de la ciudad repercutían los vítores al héroe entrerriano, a la fecha que se conmemoraba y a todo aquello que provocaba un franco viva, sin mengua de la cultura y la altivez que es muy nuestra.

Los nombres de Paraguay, Brasil y Uruguay fueron vivados al unísono, pues estos países tuvieron una participación preponderante en la campaña de Urquiza contra el tirano.

Los veteranos

En dos coches de plaza, los 8 sobrevivientes de Caseros, esas reliquias de la historia, que tienen la felicidad de vivir todavía y precisamente en estas horas del recuerdo y de la consagración del héroe, su ilustre jefe, parecían, así, amodorrados en los vehículos, transitar todas las glorias de la estirpe de aquellos guerreros anónimos, que sellaron con el sacrificio y su sangre la organización constitucional del país y la unidad nacional.

Los veteranos, con sus gestos bisoños, sus teces bronceadas y surcadas por profundas arrugas, sus cabellos canos y lacios, su depresión física y su apocamiento de espíritu, infundían respeto y admiración, pues son vestigios vivientes de las pasadas generaciones.

Los sobrevivientes de Caseros, a su paso por las calles, principalmente por las calzadas recorridas por la manifestación, donde en las aceras había una doble hilera de curiosos, fueron objeto de nutridos y delirantes aplausos.

En la plaza Ituzaingó

Eran las 5 p. m. cuando la columna llegó a la plaza Ituzaingó. El primitivo orden fue perdido, pero la acción de los comisarios, oportuna y eficaz, hizo que este se restableciese de inmediato. Era el pueblo curioso y anhelante, propio de la psicología de las multitudes, que jugaba por no perder detalle del acto de la colocación de la piedra fundamental del monumento al héroe de Caseros.

Una vez que fuera restablecido el orden, tuvo lugar la ceremonia de la colocación de la piedra, acto sencillo en si, pero elocuente, pues hay que tener en cuenta que más adelante, en ese mismo sitio, el mármol y el bronce perpetuarán su nombre para siempre.

La apertura del acto de la colocación de la piedra fundamental estuvo a cargo del señor Juan José Irigoyen, quien en un caluroso y acertado discurso, realzó la personalidad del eminente coterráneo e ilustrísimo general.

Al descender de la tribuna, el señor Irigoyen fue objeto de una larga salva de aplausos, premiándose su brillante pieza oratoria.

El señor Miguel Castro, acto seguido, procedió a dar lectura al acta labrada con tal motivo y la nómina de las personas que la habían subscrito.

Bajada al foso la piedra, el señor Urruzola, Intendente Municipal, echó la primera palada de tierra.

El Tedeum

El solemne tedeum en acción de gracias tuvo lugar a las 11 de la mañana. Asistieron las autoridades locales, jefes del 6º de Caballería y Escuela de Tiro, y un enorme público que llegó hasta obstruir la entrada al templo.

La gran nave central, lo mismo que las dos pequeñas de los lados laterales, daban cabida a distinguidas familias.

Terminada esta ceremonia religiosa, el público empezó a disgregarse tomando distintos rumbos, puesto que la serie de actos oficiales había concluido y, además, cada uno tenía conciencia de haber cumplido con un deber sagrado.

En el Club Unión

En la noche del jueves se realizó una animada reunión social en este club. Incluimos el baile del club “Unión” festejando el 2º aniversario del armisticio, en los homenajes tributados al egregio capitán entrerriano, porque creemos que la comisión directiva de la mencionada sociedad tuvo muy en cuenta el magno acontecimiento de la consagración de Urquiza, asociándose, así, el segundo aniversario de la firma del armisticio con uno de los hechos más resaltantes de nuestra historia, puesto que fue la piedra angular de la reorganización nacional. Por lo tanto, cabe suponer que se festejaron dos sucesos en un solo acto: la derrota de la tiranía en nuestro país y la extirpación del abominable militarismo prusiano.

El hermoso salón del club “Unión” para esta fiesta, fue adornado con sencillez, pero denotaba un exquisito esmero y buen gusto.

La orquesta de primer orden amenizó la fiesta, rindiéndosele culto a la diosa Terpsícore hasta que la aurora delató al nuevo día.

Asistieron las familias de: Harrison, Sykes-Wricht, Boglich, Taylor, Nevile, Jaquet, Hansen, Fiedler, Funes, Llambías, Farquharson, Birdsale, Taverner Colta, Camaño, Rodríguez, Legge, Southgate, Mannington, Kelson, Massera, Keler, Fernández, Piquet, García Pérez.

En el Odeón

La función de gala en nuestro coliseo, era otro de los números destacados para conmemorar dignamente la memoria del capital general Dn. Justo José de Urquiza.

El acto fue una expresiva nota social, no pudiendo el excesivo calor amenguar en un ápice el brillo de la misma. Todo lo que Concordia tiene de representativo en su sociedad, se congregó anoche en la sala del Odeón, ofreciendo ésta un aspecto y perspectiva pocas veces superado. Las damas y señoritas luciendo elegantes y vistosos “toiletts”, armonizaban con el soberbio e imponente cuadro, lo que trasmitía una sensación de belleza y encanto.

La banda municipal, que también prestó su concurso, momentos antes de empezar la función ejecutó el himno a Urquiza, siendo, al finalizar, frenéticamente aplaudido por los espectadores, trasunto del patriotismo que embargaba a todos los ánimos. Después, e intercalando con cada acto, la banda dejó oír varias sinfonías.

En cuanto a la parte artística, fue un verdadero suceso, conquistando en buena ley un nuevo triunfo del señor Nicolás Carreras, y elenco que tan acertadamente dirige. Si hubo algo que no alcanzó a gustar fue la obra puesta en escena. Quizá al público le hubiese agradado más una pieza de Benavente, Pérez Galdós, Linares Rivas o en su defecto algunas de las chispeantes comedias de Muñoz Seca.

Entre otras, notamos las familias de: Péndola Díaz, Garat, J.P. Robinson, J. Vázquez Gil, Marcone, Urquiza, Luján, Llambías, Mendiburo Merro, Pereira, Vidal, J. Escobal, Arrechea, Camaño, Méndez, Aldabe, Mathó Montero, Garat A., de Luque, Catá, Ravasio, Giavi, García B., San Román S., Lynch, Garate, Urruzola, Fonseca, Vidal F., Robinson H., Muñoz, Pons, Giuliani, Dubra, Curbelo, Landin, Garibaldi, Troncoso, Faro, Navarro, Fornés, Serrano Mainez, Marote, Canto, Andreola, Luchetti, Carlevaro, Rodríguez F., Orcasitas, Labat, Carlevaro West, Caissiols, Slop, Garat N., Echeverría, Vidiella, Sieyra, Reali H., Crosa, Lavella, Tito, Massanes, Mongardey, Barnada, Vila, Arthagnan K. I., Garaycoechea, Valsangiácomo, San Román, García S., Mas y Tayeda, Pérez, Piquet, Otaegui, Boglich, Gómez, Delajonquiere, Moyano, Schreiber, Murga, Meyer, Ortiz, D’Angelo, Maciá, Gil Herrera, Giavi M., Lamolle, Migoni, Larralde, Costa L.,. Gaillard, Sallas, Heras.

El desfile

Contrariamente a lo que se esperaba, no tomó parte en el desfile del jueves la Escuela de Tiro, concretándose únicamente a dos escuadrones del Regimiento 6 de Caballería, con sus respectivos jefes y oficialidad.

A la cabeza del pequeño pelotón venía la banda lisa del regimiento, ejecutando de trecho en trecho varias marchas y piezas guerreras. Por las calles donde desfiló el escuadrón, el público agolpado en las veredas lo aplaudió con entusiasmo, llegando en algunos casos, civiles y militares, a departir amigablemente. Este detalle insignificante al parecer, no deja de ser muy significativo, desde el momento que pone a prueba la perfecta amistad y hasta comunidad de ideas que liga al pueblo con sus instituciones armadas, que en nuestro país sirven para guardar el orden y la integridad nacional.

Las tropas, una vez terminado el desfile, formaron en las calles adyacentes a la plaza de Mayo, para regresar a sus cuarteles cuando terminó Tedeum.

Un corso de coches y autos improvisado

En las calles que circundaban la plaza de Mayo, poco antes de las 8 a. m. se podía observar una nutrida concurrencia de coches y automóviles que, sin esperarlo, constituyó un animado corso, digno de mención por el número de vehículos y paseantes.

Fue, podemos decir, un agregado fuera de programa y de mucho efecto, ya que dio tanta animación a ese sitio de verano.

En la calle Entre Ríos

Una de las arterias que dejaba ver bien a las claras la animación reinante, fue la calle Entre Ríos, puesto que un movimiento inusitado y un renuevo constante de personas ponía la nota culminante a los festejos que habían tenido lugar en el día.

Este ir y venir de paseantes fue intensísimo a las 8 p. m., hora en que terminó la retreta de la plaza Ituzaingó.

Alegorías

Varias fueron las casas de comercio que exhibieron en sus escaparates alegorías, en todas las cuales tenían ubicación predilecta el retrato del general Justo José de Urquiza.

La que consiguió destacarse fue la expuesta por la casa “Blanco y Negro”, siendo muy admirada y prueba de ello es la gran cantidad de personas que se estacionaban en la vidriera para observarla.

En las escuelas

En las escuelas, de acuerdo con instrucciones superiores, se realizaron actos públicos y privados en oportunidad a la gloriosa fecha que se conmemoraba.

En la Escuela Normal, en el acto del miércoles, los alumnos y profesores depositaron, al final de la fiesta, su óbolo en dinero efectivo, a objeto de donarlos, por igual, a los veteranos de Caseros.

Cine Popular

En el telón de la amplia terraza del Recreo Concordia, sitio ideal para el verano, la pantalla reflejó interesantes películas que tuvieron la virtud de hacer olvidar muchas miserias a más de uno de los espectadores; pero quizás esa dicha efímera haya servido para aumentar más aún la adversidad que siente por este valle de lágrimas…

Los presos

Estos individuos que viven aislados de la sociedad, gracias a personas caritativas y que tratan de mitigar muchos dolores humanos, también tuvieron su día.

Para ellos se sirvió un almuerzo especial, no faltando las consabidas empanadas criollas. También se repartió en abundancia cigarros y cigarrillos donados por el Sr, Francisco Rodríguez.

El Sr. Rampa, maestro de los recluidos, pronunció una conferencia alusiva a la vida y obra realizada por el general Urquiza.

Esta enseñanza ha de resultar muy provechosa para los presos debido a su rigurosidad histórica y lo bien matizada que estuvo.

Iluminación

Únicamente la plaza Ituzaingó pudo gozar de una iluminación meridiana. En las diagonales y medianas fueron colocadas algunas de las estrellas y guirnaldas utilizadas en los carnavales y en algunos festejos patrios. Sin haber demasiados colorinches, hubo una nueva combinación de colores, produciendo una buena impresión a aquellos que, sin tener el gusto exigente, saben juzgar las cosas imparcialmente.

La municipalidad, la Jefatura y el Banco Popular iluminaron el frente de sus edificios, adhiriéndose, por tanto, a los homenajes.

Dos atacados de insolación

Si exceptuamos dos casos de insolación, que felizmente no tuvo mayores consecuencias a causa de haber sido socorrido a tiempo las víctimas, no se registró ningún otro hecho que, por su alcance doloroso, haya podido ser motivo de consternación general.

Las víctimas de ayer fueron unos conscriptos del Regimiento 6 de Caballería llamados Juan González y Nicomedes Vargas, quienes sufrieron un “coup de charleur” cuando estaban en las filas, prontos para iniciar el desfile. Socorridos a tiempo por otros compañeros y conducidos de inmediato a la botica del señor Santiago De Donatis y de “El Globo”, se les practicó la cura que el caso requería, quedando fuera de peligro.

Estampillas conmemorativas

En la oficina central de Correos han sido puestas a la venta unas estampillas que contienen el busto del héroe de la jornada de Caseros. Los timbres son de 0,05 centavos y deben apurarse a comprar los coleccionistas de estampillas, pues sólo se expenderán hasta el agotamiento de la actual partida.

Importa asimismo, al público tener presente que esos timbres sólo son válidos en el territorio de la República, pues para la correspondencia exterior carecen de valor como franqueo, debiéndose añadir, si se quiere, a esa correspondencia la estampilla común.

 

13/11/1920

Un documento histórico de Urquiza

Carta del General a vecinos de Concordia

Dimos cuenta en nuestra última edición del hallazgo de un tubo de plomo en los sótanos de la casa municipal, dentro del que se hallaron entre varias reliquias y documentos históricos, una carta de puño y letra del general Urquiza, agradeciendo a un grupo de vecinos de Concordia el primer acto de glorificación que se le tributara de parte de sus conciudadanos.

He aquí el texto del interesante documento que, según nuestras noticias, permaneció por muchos años enterrado, en el tubo de plomo, junto a la piedra fundamental de la pirámide que erigía el busto de Urquiza en el centro de nuestra plaza principal:

Palacio San José, Año 41 de la libertad, …de la Confederación Entrerriana y 35 de la independencia, 28 de agosto.

Sr. Comandante del departamento de Concordia, Sargento Mayor Francisco Requena.

Comandante:

He recibido la nota de fecha 22 de este mes …acompañada de la comisión de señores de Concordia, que se eligió para levantar una estatua como demostración de afecto a mi persona en la plaza principal.

Sensible a esta generosa y noble demostración que llena de emoción al alma que lleva esta indeleble prueba del amor del pueblo, es mi deber acoger con expresivas gracias, honor y deferencia.

No obstante mis convicciones, mis hábitos y principios no me he de oponer a que esta demostración sea hecha solamente en honor mío, porque considero que el monumento público se levantará al amor de mis conciudadanos que ella hará recordar en el porvenir la magnanimidad de un pueblo que gran parte tuvo en las glorias que se perpetúan.

Justo José de Urquiza

(Revista “Cuadernos de Concordia – Servicios Periodísticos, de Concordia – Nº 19, marzo de 2009)

 




 

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