Editorial La historia se transmite
de generación en generación. Nosotros queremos ser
un eslabón más.
En Concordia hubo pioneros también en este aspecto. Fueron
los que nos enseñaron de dónde veníamos, Pero
con todo lo bueno que hicieron en ese sentido, se detuvieron en
el pasado y, a medida que el tiempo fue transcurriendo, nos quedamos
en ese período de esplendor, de vitalidad, y perdimos los
nexos con las siguientes etapas: de primer puerto de la provincia
pasamos a tener uno en total inoperabilidad; de nudo ferroviario,
centro de su administración, a una postal de abandono y tristeza;
de la Concordia industrial, admiración a comienzos del siglo
XX, a capital de la desocupación y la pobreza...
¿Cómo llegamos a esto?
La historia lo explica. Pero salvo algunas excepciones, hace sesenta
o más años que los concordienses dejamos de escribir
nuestra historia. Sin embargo, no dejamos de hacerla. Trabajamos
con la misma vitalidad y la misma vehemencia de los comienzos. Pero
nos olvidamos de registrarlo.
Eso queremos realizar ahora. Pretendemos recuperar —para volcarlo
en esta página y eternizarlo, si vale el término—
todo lo que fue trasmitido oralmente durante un largo lapso. Y ya
estamos invitando a los concordienses de todo el mundo a escribir
sus memorias o sus recuerdos. Costumbres, hechos, acontecimientos
familiares, fotos, todo tendrá cabida en este sitio si quieren
acompañarnos en nuestro emprendimiento. Por nuestra parte,
recurriremos a los diarios, a los libros que ya no se editan más,
a los periodistas en general, a las autoridades, a los directivos
y a los empresarios. Y al hombre común que trabajó
en las fábricas desaparecidas, en las entidades deportivas,
en las instituciones. Cualquiera haya sido su papel, también
es un concordiense que vivió en una ciudad que sigue creciendo
a pesar de todas las contrariedades.
Esta página tiene comienzo pero no tiene fin. Continuarla
será la única herencia que dejaremos a nuestros descendientes.
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